Hotel Nacional…

Mi historia comienza de una extraña forma,
Al2 entrando a el Hotel Nacional pisando la alfombra
de pronto un custodio me trata con muy mala forma
como si él fuera el dueño del hotel California.

Me paro muy contento frente al elevador si,
siento que cambia la temperatura y el olor.
Ese señor me dijo dónde está su tarjeta
y algo me decía Al2 no le des una galleta.

Retorno hacia el lobby donde los trabajadores
me miraban como una rama seca entre la flores,
me piden el carnet sin buenas noches ni argumentos,
pero su educación escasa no me joderá el momento, que va.

Al fin, se acabó todo ese brete,
entro al elevador y yo mismo marco el siete.
Aparezco en un pasillo de película,
llego a la habitación 761comienza el juego.

Lo primero que se me ocurre es pasar al baño
y gastar todos los pomitos que dicen gel de baño.
Hay diez toallas para mí y aunque te parezca loco
me bañé por lo tanto que estuvo el motor de mi edificio roto.

Salgo con sed, contento y bailando suave
me encuentro un frío que estaba cerrado con llave,
marco el 138 servicio de habitaciones
no vaya a ser que tengan alarmas los colchones.

Yo estaba invitado, todo estaba pago
y de pronto me digo Ay, por qué un pedido nuevo
pa’ no hacerte el cuento largo pedimos una pila de cosas,
y con esas cosas el cubano como goza.

Cada vez que tocaban la puerta me escondía
y no sé por qué creía que podía ser la policía.
Estaba comiendo tanto sobre ese colchón
que yo sentí que estaba traicionando a mi revolución.

Mira tú que situación que en el cartel de las extensiones
no aparecía el 106 por todo eso y dije yes señores
vamos a beber comer y dormir sin presiones
que esto es fiesta con F de Flintsone, Al2 felicitaciones.

Tuve más ideas como ir a la piscina
pero pa’ sacarme de ahí había que contratar a Hitman,
así que reflexioné y no salí de la habitación,
piscina de qué cosa Al2 hay que comer pan con jamón.

Otro día voy pal malecón, me doy un chapuzón,
retorno al granizado y a la canequita de ron.
Cagué un mojón que dije, esto no se va con nada
pero ese inodoro descargaba más que una abuelita brava.

Omití algunos detalles como por ejemplo
el aire acondicionado se podía poner to’ el tiempo.
Cuando te bañabas el espejo se empañaba siempre
porque claro, había agua fría y agua caliente.

Era un agua que te llenaba de vida,
que te acariciaba el cuerpo cuando te caía arriba.
Fíjate si estaba rica y mi alma estaba conmovida
que a mí no me jode nadie me bañe con agua hervida.

Prendo la TV y para serte sincero
me puse bravo porque los canales eran extranjeros.
Mucho CNN, Cartoon Network me sentí dolido
porque yo quería ver algún canal educativo.

Al final tuve que bajar, me vinieron a buscar
yo sabía que después no me iban a dejar entrar
y eso mismo fue lo que me pasó después
por no tener pinta de yuma ni saber hablar inglés.

Como no se repiten momentos tan felices
me tiré cantidad de fotos, parecía que era en mis quince.
Me fui de ahí como un lince que no tiene que comer
y cuando vine a ver me lleve un vaso sin querer.

Me fui en un taxi pa’ mi casa,
porque claro lo pagaron,
porque yo no tenía un varo
y esos son un poco caros.

Llego al gao y me despido del taxista
y de mi Hotel Nacional donde solo tratan bien a los turistas.

En el Hotel Nacional todo parece normal pero naahh
eso allí es otra honda,
el de seguridad se me dio una clase encarnada
como si yo hubiese puesto la bomba.

Y yo quería pasar, conocer, mirar, ver, saber,
porque la vida es muy corta.
No entiendo por qué razón
hoy en mi nación al cubano, el propio cubano le estorba.

Yo solo quiero agradecer lo chévere
que son los Rockys de los walkie talkie, por la mesa redonda.
Es que estos loquis no recuerdan ya
el rico sabor del fuking Toki,

Asere le ronca,
que por no tener olor a shopping
ni llegar con cuquis popis,
el dedo se me ponga.

Deja que yo sea el presidente
pa’ que vean lo que reducir plantillas
ahí si no me hagan sombras.

Por eso es, por eso es que
que cuando uno llega a esos lugares
pega los mocos en la pared, se comporta mal
y hace todas las cosas que hace,
porque no nos dan oportunidad.

Aun hoy recuerdo, todo lo que comí
aquel desayuno tan ricón que se perdió el B.
Yogurt del sabroso, leche con café
sándwich y jugo natural
y pa’ la cama otra vez.

Ventanas bonitas, con vista al Vedado,
cortina que pa’ mi eran Calvin Klein
y un armario empingao,
mesita de noche, lamparitas cuquis
el piso parecía el cielo y yo quería vivir allí.

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