El Señor Martinez…

Ayer iba walking por la street
y uno de sus personajes con su mirada infeliz,
entró en mis ojos como perro por su casa
pero se quedó en su sitio como este sin la misma. 
El Señor Martínez vive en la Habana más oscura,
su dirección es la real entre las calles triste y Cuba.
Martínez vive en las paradas como un pobre diablo,
esperando a que pase el autobús del milagro.
Tiene una muda de ropa que atrae a las moscas,
no tiene familia y se alimenta de limosnas,
así es el señor Martínez que en las aceras deambula,
todos van al Mini Mart, él va a los latones de basura.

Sus dedos son amarillos, sus cigarros son pequeños,
y alguna que otra burla siempre le interrumpe el sueño.
Dos sacos de lata, uno de tareco,
una barba blanca y larga que oculta cien mil secretos
en ocasiones, hablando solo se le ve
dejando en cada gesto su última gota de fe.
La gente lo observa, sonríen, lo señalan,
pero a este Señor Martínez le resbala
porque sabe que en el fondo todas estas personas
cuando tienen un chance también hablan solas
y que además los que más se ríen de él
no saben que desempeñó un importante papel en el pasado,
que es estudiado, que fue un gran hombre
a pesar que nadie ya recuerda su nombre.

Pero así es la vida de mal agradecida y cruel,
hizo mucho por una patria que no hizo nada por él.
Martínez anda en los jardines donde no crecen las flores,
Señor materia prima de columnas y rincones.
Que una caneca sumerge sus líos, combate el frío,
y a cada cierto tiempo se asea en los ríos.
Se le ve solitario a diario en cualquier barrio,
escogiendo un buen lugar donde dejar su cuerpo
y liberar algo llamado espíritu,
que con ímpetu desde su juventud alimentó de luz,
como una planta de energía solar
que nadie supo aprovechar.
Se quedó estancada como agua de pozo
o algún que otro intento de revolucionar filosofías
que plantean la igualdad pero crean la diferencia.

Martínez es como uno de esos días muy nublados
en los que no llueve aunque haya relampagueado.
Y hoy se ha despertado mirándose desde afuera,
en una de esas aceras que tanto hemos caminado.
El Señor Martínez siempre estuvo a la vista
y como él hay muchos vamos a ser realistas.
Ustedes se podrán hacer los ciegos
pero la realidad no se tapa con hoteles nuevos
y menos si son pa’ turistas, no me dejan otra opción
que creer en lo que veo y no ver la televisión.
Si ama la revolución, las calles camine
para que vea cuantos señores Martínez hay afuera de los cines,
sin hogares y sin sueldos
matando el hambre con lágrimas y recuerdos.
Enfermos, hasta con linfangitis,
pidiéndole dinero a sus hijos que son tremendos mikys.
Por favor, ayudemos a estos seres, que nada tienen,
que a nadie tienen y ahorita se mueren.
No es llevarlo pa’ Mazorra y ponerle un tratamiento,
es darle esa mano que les ha faltado tanto tiempo.
Quizás tú te preguntes con toda tu razón
qué he hecho yo por el Señor Martínez,
yo puedo responderte que al menos una canción.

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